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Diez breves puntos sobre el microrrelato
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Reflexiones y acciones de Luisa Valenzuela
De la narrativa a la teoría:Peligrosas palabras y Escritura y secreto, de Luisa Valenzuela
Por Graciela Gliemmo
Luisa Valenzuela llama "Confesión" -¿convocando quizás las Confesiones de San Agustín?- a la apertura de Peligrosas palabras, subtítulo que consagra la totalidad del libro. Y esta confesión, que más que tomar como instrumento las palabras las jerarquiza como núcleo temático, se coloca en la intersección entre la autobiografía intelectual y el ensayo teórico. Guiño que ya no asombra al tratarse de una escritora que arriesga siempre a la hora de dar forma a un texto y que se posiciona en los lugares intersticiales, en los huecos, entre las fisuras o también, incluso, en la superposición de planos para abandonar la comodidad de los modelos y desafiar cara a cara, teclado en mano, la seguridad de los cánones tanto editoriales como críticos.
Sostengo que se escribe con el cuerpo, que todo el ser está implicado en el acto de escritura. De ahí la noción de peligro que puede surgir de un hecho tan simple y cotidiano como podría ser esto de dibujar una palabra después de otra. Porque el peligro no reside en el hecho en sí, sino en el hilo sutil que se genera entre la mano material que va asentando letra tras letra y todo lo abismal que acecha por detrás, listo a saltar al menor descuido, y que podríamos llamar percepción o deseo o lenguaje o hasta alimaña o lluvia de meteoritos, el maestro dixit." (1)
Letra-silencio-muerte. La vida y la muerte como inseparables en el acto de narrar, volviendo contemporánea, casi eterna, la voz de Sherezada y tendiendo un hilo semántico hacia la palabra fundante. El silencio que pierde y la palabra que encuentra. Y las otras combinaciones del caso, para no ser reduccionistas.
Creo en los caminos alquímicos y me ha tocado a mí la llamada vía lunar, que contrariamente a la vía solar transita de la práctica a la teoría. Es decir que primero hago, siguiendo el hilo narrativo o la llamada inspiración, y después trato de entender lo que hice, y sobre todo por qué lo hice. Literariamente hablando, claro está.
II
Me senté entonces a escribir sobre la no existencia de un lenguaje de mujer, porque según pensaba entonces el lenguaje nace en el asexuado inconsciente humano, y me sentía reconfortada por la seguridad de que no era posible diferenciar mi escritura de la escritura del hombre, el maestro. La palabra sacrosanta que con tanta voracidad había devorado desde la adolescencia.
La anécdota personal aborda dos aspectos recurrentes en la poética de Luisa Valenzuela: la imposibilidad de esconder o abandonar cuando se escribe la marca de género y la idea de que el inconsciente juega un papel clave en esa hazaña. Y aunque la escritora no lo dice, no lo explicita, amplía la noción de autobiografía tejiendo redes con Juan Carlos Onetti que en El pozo -las memorias de Eladio Linacero- le hizo decir a su protagonista que una escritura autobiográfica no sólo recoge lo que alguien vive, el plano más circunstancial o anecdótico, sino además -¿o fundamentalmente?- sus sueños, sus fantasías. Para decirlo con palabras de Linacero: las aventuras. La autobiografía incluye lo no vivido pero deseado, los interrogantes más que las respuestas, aquello que la mente fabula, rastrea, proyecta o enmascara.
Del mismo modo, para Valenzuela la escritura no es catarsis sino viaje en busca de eso que se esconde y se escapa, que ofrece lucha para no ser atrapado, del Otro, de lo desconocido. De ahí que el saber, la conclusión sobre el propio trabajo venga necesariamente a posteriori:
Solemos tenerle miedo a nuestra imaginación cuando se desborda y amenaza con conducirnos a zonas desconocidas y oscuras, recovecos prohibidos de la mente capaces de arrojar luz sobre sectores ocultos y a veces inconfesables de la propia personalidad.
Sin embargo, es en este develamiento -que nos hermana con todos los humanos- donde reside el mayor atractivo de escribir, bien lo sabían los surrealistas que abogaron por el desenfreno verbal más absoluto y la inmersión despiadada en el mundo de los sueños. Creo que ya ha pasado el momento de permitirle a nuestros caballos interiores que se desboquen del todo." (Escritura…: 85)
Entonces, ficcional o no, toda escritura es autobiográfica, porque da cuenta del secreto de quien la firma, aunque no lo devele. Y si la escritura es el producto de una búsqueda dentro de la propia imaginación, un bucear en el propio inconsciente, entonces eso salvaría a la literatura de la repetición, transgredería todo canon establecido haciendo que entre un texto y otro se estableciera necesariamente una zona resbaladiza, algún destello diferente.
Y otra vez regresa el fantasma de Darío, a pesar de que se trata de géneros distintos -literarios y sexuales-, de épocas tan alejadas, de imaginarios bien disímiles. Pero a pesar de las múltiples distancias y fronteras entre una -Valenzuela- y otro -Darío-, hay un punto preciso donde sus modos de percibir la escritura se tocan: la resistencia a dar recetas, la convicción de que la tarea con el lenguaje es imprescindible y el deseo de que cada creador transite en su propia dirección. La idea es "construir no partiendo de la nada, que sería más fácil, sino transgrediendo las barreras, rompiendo los cánones en busca de esa voz propia contra la cual nada pueden ni el jabón ni la sal gema, ni el miedo a la castración, ni el llanto." (Peligrosas…: 41-42)
Más allá de las posibles resonancias de poéticas y autores, Luisa Valenzuela pide en Peligrosas palabras que sus ficciones sean leídas como escritura de mujer. En este sentido, se encarga de dibujar una genealogía afirmando que, más allá de las coincidencias con algunos autores, las escritoras amasan el lenguaje y lo condimentan con toques incomparables que permiten que haya mayor ambigüedad, mayor búsqueda, mayor experimentación.
Las escritoras debemos estar particularmente atentas a nuestra posición marginal en las tierras baldías del lenguaje. Gracias a ella conocemos bien el reverso de las palabras, su maloliente trasero, y reconocemos el poder generativo de su secreta entrepierna. (Peligrosas…: 103)
Y las narradoras tenemos ansias de aventura, al mismo tiempo mucho miedo. (Ibid: 183)
A las mujeres el desorden no nos aterra, nos enfrentamos con él a diario y de alguna manera sabemos que encierra un orden implícito, como bien acabó demostrando la teoría del caos gracias a los "atractores extraños" que configuran un oculto diseño organizativo en todo lo azaroso y complejo, como las nubes.
A las mujeres no nos asusta el desorden, y también aceptamos y sabemos poner las manos allí donde se supone que uno no las pone nunca, no debiera meterlas." (Ibid: 185)
Pero no todas las escritoras dialogan con Valenzuela en estos escritos. No por lo pronto aquellas que cuando escriben novela responden al discurso patriarcal, a pesar de que éste es un género hecho "para romper viejos moldes a cada paso, a cada vuelta de hoja." (Ibid: 57)
III
Y si en Peligrosas palabras Conti y Walsh se hacen presentes, entretejiendo la autobiografía intelectual, en Escritura y secreto ingresan otros escritores con los que Valenzuela también estrecha lazos: Felisberto Hernández, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar y Carlos Fuentes. Aunque en realidad se limita a dar una opinión sobre sus respectivas obras, los puntos de coincidencia con la suya asoman: escribir para conocer y no porque se conoce (F.Hernández), la búsqueda de la verdad propia (Onetti), la presencia del misterio, del secreto en la escritura (Cortázar) y la construcción del doble y los rituales en la narrativa (Fuentes).
Notas
Angenot, M. (1993): Teoría literaria, México, Siglo XXI.
Augé, M. (1998); Las formas del olvido, Barcelona, Gedisa.
Darío, R. (1991): La vida de Rubén Darío escrita por él mismo, Caracas, Biblioteca Ayacucho.
Freud, S. (1997): "Recuerdo, repetición y elaboración" en Obras Completas. Tomo 12, Buenos Aires, Losada.
Gliemmo, G. (1994): Las huellas de la memoria. Entrevistas a escritores latinoamericanos, Buenos Aires, Beas.
-----(2001): "Hombres memoriosos, escritores memorables: acerca de Rubén Darío" en Fin(es) de siglo y moderniso, Palma, Universitat de les Illes Balears.
-----(2002): "'Que veinte años no es nada'. Espacios y tiempos coincidentes en Realidad nacional desde la cama", en Luisa Valenzuela sin máscara, Buenos Aires, Feminaria Editora.
Kamenszain, T. (1983): El texto silencioso, México, Unam.
Le Guin, U. (1992): Escritoras y escrituras, Buenos Aires, Feminaria Editora.
Lejeunne, P. (1975): Le pacte autobiographique, Paris, Ed. du Seuil.
Molloy, S.: "Ficciones de la autobiografía" en Vuelta, volumen 21, No 253, México D.F., diciembre de 1997.
Piglia, R. (1990): Critica y ficción, Buenos Aires, Siglo XXI.
Pineda Botero, A. (1995): El reto de la crítica, Bogotá, Planeta.
Sontag, S. (1996): Contra la interpretación, Buenos Aires, Alfaguara.
Starobinsky, J. (1974): "El estilo de la autobiografía" en La relación crítica, Madrid, Taurus.
Todorov, T. (1975): "La lecture comme construction" en Poétique, No 24.
Valenzuela, L. (1992): Realidad nacional desde la cama, México, Grupo Editor Latinoamericano.
---- (1999): Cuentos completos y uno más, México, Alfaguara
---- (1992): Luisa Valenzuela: Simetrías/ Cambio de armas. Luisa Valenzuela y la crítica, Valencia, Excultura.
-----(2001): Peligrosas palabras, Buenos Aires, Temas.
-----(2002): Escritura y secreto, México, Ariel.
VVAA (1993): Hispanic Literary Autobiography, Barcelomna, Serbal/Unesco.
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En: Ciberletras
Narrativa del instante

Brevs, de Luisa Valenzuela: Narrativa del instante
Por Lilian Elphick
Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina, en 1938; hija de la escritora Luisa Mercedes Levinson (1909-1988), cuentista y novelista. En las palabras preliminares a la presentación para The Two Siblings and other stories, de Luisa Mercedes Levinson, la primogénita recuerda:
Tengo una imagen recurrente [de LML]:
Lisa [seudónimo de LML] en la cama, rodeada de papeles, con la Lettera 22 sobre la panza, escribiendo. Pero eso es en el piso alto de la casa. En las primeras épocas, cuando los dormitorios estaban abajo, no había máquina de escribir sino páginas y páginas manuscritas, ya perdidas, pisoteadas y demás por los gatos.
Los gatos, los gatos, los gatos. Aparecen en los cuentos, no necesito hablar de ellos; algunos salvajes, casi, otros en exceso caseros y procreadores. Sólo quiero destacar a Puce a l'Oreille, así llamada porque siempre se le instalaba a Lisa en el hombro mientras ella escribía y le babeaba la oreja. Y, según ella decía, le soplaba secretos.
Por lo tanto los gatos parecerían haber sido una de las tantas puertas de acceso al secreto que Lisa logró entreabrir. Porque eso es sobre todo su escritura: un paso más allá de lo conocido, una comprensión de algo que sabemos esta allí pero tan velado que apenas tenemos una insinuación momentánea. Lisa con su obra nos ayuda a descorrer velos, a desgarrarlos si fuera necesario.
A los veinte años, Luisa Valenzuela, se radicó en París, trabajó para Radio Télévision Française, y escribió su primera novela, Hay que sonreír (1), publicada en 1966. Después de vivir en Estados Unidos, México y España, vuelve definitivamente a Buenos Aires en 1989 con varias novelas y volúmenes de cuentos, entre los que destacan: El gato eficaz, Cola de lagartija, La Travesía, y Aquí pasan cosas raras, Cambio de armas y Brevs, microrrelatos completos hasta hoy, respectivamente.
El libro Brevs… también es un paso más allá de lo conocido, porque, precisamente, insinúa desde la brevedad misma. Según palabras de la misma autora se trata de una narrativa del instante:
Pescar ese instante, asumirlo en palabras sin congelar la acción es lo que se espera en esta narrativa de cambio que hoy llamamos microrrelato o microcuento o microficción. (Valenzuela.2004:9).
Sandra Bianchi, en su artículo “Los textos brevs de Luisa Valenzuela” recopila algunas preceptivas e ideas de la autora en torno al microcuento:
La primera y quizá única regla del microrrelato, aparte de su lógica y ‘antonomásica’ brevedad, consiste en estar plena y absolutamente alerta al lenguaje, percibir todo lo que las palabras NO dicen, lo que ocultan o disfrazan. Es un ejercicio constante, se esté o no escribiendo, que permite entre otras cosas detectar las trampas que nos son tendidas a diario (¡y desde los diarios!) por mediación de las palabras.
Desgarrar el velo de las palabras, develar su contenido disfrazado es tarea recíproca del escritor/a y del lector/a. Más allá de la metáfora, Valenzuela desgarra literalmente su propia biblioteca en 1979, cuando la Argentina está en plena dictadura militar y debe salir del país:
Había libros imposibles de llevar y entonces les arrancaba las páginas o los capítulos sin los cuales no podría seguir viviendo o al menos trabajando. Desarmaba libros con furia, para conservar ensayos o cuentos sueltos. Era una tarea dolorosa, hasta que empecé a espulgar mis propios cuadernos y entre el material ya usado o inusable o intransportable fueron apareciendo unos brevérrimos textos que insinuaban historias más allá de sus escasas palabras. (Valenzuela.2004:9).
He aquí la génesis de sus microcuentos: la dictadura y el exilio; fragmentación del sujeto y del objeto (biblioteca) en pos de la memoria. Y la memoria está firmemente enlazada al tema del cuerpo, como soporte de la palabra, del lenguaje:
“La mando a un colegio inglés para que juegue al jockey, no quiero que mi hija sea una intelectual grasosa”, había dicho alguna vez mi madre, y desde entonces la gimnasia no fue mi fuerte. […] En el 75’ me senté en los cafés de un Buenos Aires arrasado por el terrorismo de estado a escribir textos sobre la violencia que eran a mi manera ejercicios de guerrilla.
Estos ejercicios escriturales “de guerrilla”, que no son frontales; son visiones de reojo, oblicuas. (Valenzuela.2001:131), se mantienen en Brevs…, compilado por la autora y editado el año 2004.
La oblicuidad narrativa está enlazada, entonces, desde el cuerpo político y desde el cuerpo erótico, conformando un solo corpus textual irónico y lúdico. A modo de ejemplo:
Nuestro Landrú no mata a las mujeres, tan sólo las come con los ojos mientras ellas pasean por la calle Florida. Le resultan así más apetitosas que si estuvieran asadas. No siempre la cocción mejora las vituallas. (“Lo crudo y lo cocido”. En Brevs…).
Este emulador del seductor y asesino en serie parisino ejecuta un acto caníbal, tortuoso y torturante: Se las come con los ojos. Acto, también emparentado con la vigilancia.
Este y otros microcuentos serán analizados a cabalidad posteriormente.
La idea de la oblicuidad, incluso de la elisión, tiene que ver claramente con el tema de la reconstrucción de la memoria:
Suelo valerme de vías apenas indirectas para poder encarar verdades que de otra forma serían indecibles de tan dolorosas. Porque hay que decir, mal que nos pese: pienso que debemos seguir escribiendo sobre los horrores para que no se pierda la memoria, para que la historia no vuelva a repetirse… (Valenzuela.2001:131).
Las características generales enunciadas en Brevs…, acercarían a Valenzuela a la generación de 1972 o, al decir de Cedomil Goic, de los novissimi narratores donde
las asunciones concretas del acervo contemporáneo alcanzan a la concepción de la literatura y de la obra literaria, a los modos de representación de la realidad, a la retórica y al lenguaje del superrealismo, a su matización irrealista, actual y vigente. Todo, sin embargo, resulta más enfático, más lúdico, más libre y desenvuelto, más desenfadado y cínico, fresco y, por momentos, descarado, en la creación novelística de los novissimi. (Goic. 1980:275-276).
Los textos de Brevs…, como bien advierte Sandra Bianchi, se relacionan unos con otros, al estilo ‘modelo para armar’ cortazariano:
[Se refleja] el procedimiento de sutura, no de corte. […] Los textos-brevs funcionan como pequeñas piezas de un modelo, que no aspira a ser “definitivo” sino que se ampara en una sostenida construcción. Son piezas textuales, fragmentos de un rompecabezas narrativo, o una metáfora que conviene aún más, los mosaicos del juego del 15 o del cubo de Rubik , pues de la misma manera que el jugador instrumenta su estrategia para organizar la figura o las caras del cubo, el lector combina las “piezas textuales” con mayor eficacia, cuanto más despliega su capacidad cognitiva y lúdica.
Los Brevs… de Luisa ahora descorren los velos con más fuerza que los de Lisa, la madre que usó seudónimo porque en esa época era ‘mal visto’ que una dama de familia escribiera y menos ‘malas palabras’.
Somos todos putas del lenguaje, sentencia la autora (Valenzuela.2001:123), frase que gramaticalmente transgrede la correlación de los géneros masculino-femenino (todos-putas) y que, certeramente, dispara al blanco de sus reflexiones sobre la literatura y la vida.
1) Obra
Novelas
· Hay que sonreír. Novela. Buenos Aires: Editorial Americalee, 1966. (CD-Rom: Buenos Aires, Ediciones La Margarita Digital, 2004).
· El gato eficaz. Novela. México: Ediciones Joaquín Mortíz, 1972. (Otras ediciones: Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1991, 2001).
· Como en la guerra. Novela. Buenos Aires: Sudamericana, 1977. (Otras ediciones: La Habana: Ediciones Casa de las Américas, 2001).
· Cola de lagartija. Novela. Buenos Aires: Editorial Bruguera, 1983. (Otras ediciones: México: Difusión Cultural, UNAM, 1992. México: Planeta, 1998).
· Realidad nacional desde la cama. Novela. Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1990, 1993.
· Novela negra con argentinos. Novela. Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1990. (Otras ediciones: Hanover (NH): Ediciones del Norte, 1990. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1991).
· La Travesía. Novela. Buenos Aires: Editoria Norma, 2001. (Otras ediciones: La otra orilla (Colección)Barcelona, 1997; Editorial Alfaguara, México, 2002, Bogotá 2002).
Cuentos y relatos
· Los heréticos. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1967.
· Aquí pasan cosas raras. Cuentos. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1975 y 1991.
· Libro que no muerde. Cuentos. México: Difusión Cultural, UNAM, 1980.
· Cambio de armas. Relatos. Ediciones del Norte, Hanover, 1982. (Otras ediciones: México: Martín Casilla Editores, 1982. Buenos Aires: Editorial Norma, 2004).
· Donde viven las águilas. Cuentos. Buenos Aires: Editorial Celtia, 1983.
· Simetrías. Cuentos. Buenos Aires: Ed. Sudamericana, 1993. (Otras ediciones: Barcelona: Ed. Plaza y Janés, 1997).
· Antología personal. Buenos Aires: Ediciones Desde la Gente, 1998.
· Cuentos completos y uno más. México / Buenos Aires: Alfaguara, 1999, 2001.
· Simetrías/Cambio de Armas (Luisa Valenzuela y la crítica). Valencia: Ediciones ExCultura, 2002.
· El placer rebelde. Antología general. Prólogo y selección de Guillermo Saavedra. Buenos Aires, México: Fondo de Cultura Económica, 2003.
· Microrrelatos completos hasta hoy. Córdoba (Arg.): Editorial Alción, 2004.
· Trilogía de los bajos fondos (Hay que sonreír, Como en la guerra, Novela negra con argentinos). México: Fondo de Cultura Económica, 2004.
Ensayos
· Peligrosas Palabras. Ensayos. Buenos Aires: Editorial Temas, 2001. (Otras ediciones: México: Editorial Océano, 2002).
· Escritura y Secreto. Ensayos. México: Editorial Ariel, 2002. (Otras ediciones: México: Fondo de Cultura Económica, 2003).
· Los deseos oscuros y los otros (cuadernos de New York). Buenos Aires: Ed. Norma, 2002.
Notas
[1] Luisa Valenzuela. Brevs. Microrrelatos completos hasta hoy. Córdoba (Arg.): Editorial Alción, 2004.
2Luisa Mercedes Levinson. The Two Siblings and other stories. Traducido por Sylvia Erlich Lipp. Latin American Literary Review Press, Pittsburgh, 1991.
3 En la web oficial de Luisa Valenzuela: http://www.luisavalenzuela.com/
4 Datos bio-bibliográficos extraídos de http://es.wikipedia.org/wiki/Luisa_Valenzuela
5 Sandra Bianchi. “Los textos brevs de Luisa Valenzuela”. En: http://www.luisavalenzuela.com/
6 Luisa Valenzuela. Peligrosas palabras. “Escribir con el cuerpo”. (Ensayos). Buenos Aires:Ed. Temas, 2001.
7 Cedomil Goic. Historia de la novela hispanoamericana. Valparaíso: Eds. Universitarias de Valparaíso, 1980.
8 Datos extraídos de http://es.wikipedia.org/wiki/Luisa_Valenzuela
Conversación con Luisa Valenzuela

De novelas, cuentos y feminismos:
CA: ¿Te atraía más la literatura escrita por mujeres o tu lectura era indiscriminatoria?
CA: ¿Cómo ves la evolución del discurso del cuerpo en tus obras? ¿Has pensado en eso?
interesa tener una continuidad necesariamente, pero hay gente que sí tiene esa mentalidad.
¡Pero el cuerpo ya venía formando parte del discurso literario de antes de la represión seguro! Ya en Syria Polleti lo vas a encontrar o en María Luisa Bombal, aunque es chilena y también en el último libro de Margo Glantz es muy lindo, muy interesante y muy del cuerpo porque allí ella trata el masoquismo con las monjas los claustros de la época de Sor Juana.
LV: Esto es en sí azaroso... porque a veces ella es la dominadora como en el caso de mi Novela negra con argentinos. Pero en el caso de Margo Glantz, ella se vuelca sobre el tema del masoquismo a través de la problemática religiosa y sexual porque el libro es totalmente
embarazo... Es más, eso lo trata mucho mi madre. Este un lindo tema, la mujer hablando de la mujer embarazada y sobre lo que es el embarazo, no tanto el nacimiento del hijo sino el cuerpo como proyector del sexo. Yo creo que eso correspondería tratarlo...
Tanto la misma Isabel Allende como María Angeles Mastreta o Laura Esquivel son gente que venden a lo loco porque no han cuestionado para nada, aunque soslayadamente son evolucionadas al punto que los personajes de María Ángeles Mastreta parecerían agresivas pero no. ¿Y ves? Eso sí que me interesaría cambiar, pero no desde el feminismo puramente como cuestionando lo que falta de la mujer cambiando ese orden patriarcal sino siempre estamos ubicadas en el lugar de la apariencia.
De novelas, cuentos y feminismos: conversación con Luisa Valenzuela
Claudia André, Hope College, 1997.
En la fotografía: Luisa Valenzuela y Lilian Elphick en el restaurant El Parrón. Encuentro de minificción, Santiago de Chile, agosto del 2007.









